¿Diseñamos actividad física de calidad para nuestros pequeños? ¿Contamos con los mejores profesionales en las primeras etapas? Analizamos estas cuestiones. El deporte de formación es esencial para un desarrollo integral del individuo.

En los últimos años hemos sido testigos de la evolución del deporte y la actividad física hasta niveles impensables un tiempo atrás. La evolución de un público cada vez mayor, más heterogéneo y exigente, ha provocado una revolución en el sector. La ciencia está cada vez más presente, y ha derribado muros que hasta hace poco parecían infranqueables.

La sinergia entre actividad física, medicina, psicología o educación, entre muchas otras, ha entrado en nuestra vida parar mejorarla de forma exponencial, y ha llevado el mundo de la investigación desde el perfil del alto rendimiento hasta cualquier persona.

Por ello el sector cada vez está más profesionalizado, invierte mucho más y se trabaja e investiga sin descanso en busca de una excelencia que arrastra a la desaparición a aquellos profesionales que se conformen con menos.

En este contexto, hoy quería hablaros de un espacio dentro de este universo de la salud y el ejercicio físico que muchas veces parece que vive al margen.

Me refiero, como ya muchos estaréis imaginando, a la actividad física en formación: al deporte en los más pequeños. Unas etapas de vital importancia (posiblemente las que más), que marcarán el futuro de la persona a diferentes niveles y en las que la mayoría de las veces no se le da el trato ni el mimo que requiere algo de este calibre, donde no llegan muchas de las innovaciones, investigaciones y las inversiones son mucho más modestas, probablemente debido a que se trata de un sector que siempre ha sido menos rentable.

Los primeros períodos sensibles son fundamentales para el desarrollo integral del individuo, y muchas veces se falla

No hay más que pasar por delante del patio de un colegio en sus actividades extraescolares, incluso de educación física,  unas escuelas municipales o en el trabajo que realizan los Clubes deportivos en su día a día. Parece que el tiempo no pasa, mejoran los materiales: más variados y vistosos, pero seguimos con parecidos estilos de enseñanza, similares estrategias didácticas. Quizá en muchos casos formulamos mejores objetivos y evolucionamos los contenidos, pero cuando la metodología no evoluciona, el camino que nos llevará a ellos es el mismo y los resultados similares.

Cuando la metodología no evoluciona, el camino que nos llevará a ellos es el mismo y los resultados similares.

Anclados en las versiones más analíticas del proceso enseñanza-aprendizaje (y digo enseñanza, porqué hablamos de formación), olvidamos que tanto el deporte como la vida, es global y con un alto grado cognitivo. Que nada tiene sentido por separado, de forma aislada y sobre todo que para que el aprendizaje sea significativo y tenga una transferencia real en el niño, ha de estar enmarcado en un contexto propio y real. Cuando aprendo a caminar he de saber que no todos aprendemos igual, ni en el mismo momento, mucha gente andará a mi lado, en sentido contrario e incluso que muchos me querrán tirar al suelo. Para aprender a tomar decisiones (ya sean motoras o en la vida) es imprescindible conocer las emociones que las condicionaran y que harán cambiar mi percepción de las mismas. Por ello ningún aprendizaje tiene sentido de forma aislada, ninguna enseñanza es tal sin un valor añadido por parte del profesional.

El deporte y la actividad física en fases sensibles, especialmente en las primeras etapas, debe ir un paso más allá, integrar todas las áreas del desarrollo y a la vez individualizarla haciéndola llegar a todos; con las mismas posibilidades de éxito. Debe combinar lo físico, psicológico y dar un gran protagonismo al componente emocional. Enseñar a los más pequeños a pensar, a tomar decisiones, tomando el papel de protagonista indiscutible de su propio desarrollo, siendo el profesional de la educación física el guía en su camino. El entrenador debe plantear al niño retos y desafíos (escenarios idóneos) a través de los cuales, aprenda no sólo a utilizar las herramientas adecuadas, sino a fabricarlas para que de esta manera logre alcanzar un desarrollo óptimo; a través de un trabajo integral ayudándole a crear nuevas oportunidades, potenciar su desarrollo, y que vivencie sus aprendizajes al máximo, que el límite sólo lo ponga él, y que lo lleve hasta donde sea capaz.

Anclados a las versiones más analíticas del proceso enseñanza-aprendizaje olvidamos que tanto el deporte como la vida es global, con un alto grado cognitivo

No tiene sentido anclarse a estilos de trabajo propios de principios del siglo XX, por mucho que en su momento fueran válidos, ya que a pesar que antes nos tratáramos la gripe con miel y limón hoy todos queremos medicamentos para nuestros hijos.

En definitiva, necesitamos profesionales preparados, motivados y especializados en las primeras etapas. No se puede trabajar con un niño del mismo modo que lo hacemos en un adulto, ni mejor, ni peor; es completamente distinto. Trabajar con niños no es fácil, no es simple ni es darles un balón “para que se muevan”; es observardecidirtrazar objetivosplanificarindividualizar y actuar. Y saber llevar todo esto a cabo  través del juego, utilizando la diversión como vehículo al éxito. Necesitamos profesionales comprometidos que formen personas creativas, inteligentes, que conozcan su cuerpo, sus emociones, con hábitos y valores saludables. No podemos olvidar que estamos formando a los futuros futbolistas, médicos, abogados, mecánicos y maestros, pero sobretodo estamos formando una nueva sociedad, que se regirá por todo lo que hoy sepamos darles y transmitirles, por como trabajemos con ellos y como les enseñemos a verse; y para ello no vale cualquier cosa. ¿Verdad?

 

Álvaro García Tomás

Coordinador mini C.B. La Vila